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El drama oculto de trabajar cuando menstruamos

Actualizado: 25 de oct de 2018


por Sandra Vanina Greenham Celis


Los cólicos son dolorosísimos, y ya sería hora de que eso se tomara en cuenta para las mujeres trabajadoras

No cabe duda que México es hoy terreno fértil para que surja la más filosa crítica feminista, no sólo con el afán intelectual de aportar nuevas ideas, sino esencialmente porque vivimos una época francamente desastrosa para las mujeres; una época en la que urge una praxis feminista congruente y que no deje nada al hilo.


Aunque las ilusiones de la emancipación femenina en el trabajo y el amor quieran velar nuestra verdadera condición de explotadas y oprimidas, lo cierto es que el retroceso ha sido de tal magnitud que cada día nos vamos a dormir con 7 muertas más, producto de la violencia de género que se ha disparado en los últimos años.


Pero pese a todo ello, el otro día me pasó algo que me hizo virar la crítica feminista hacia estepas inexploradas (pero también de gran importancia). Me fui a a la cama con unos cólicos terribles que no me dejaron dormir la mitad de la noche, de los cuáles mi cuerpo ya me había advertido durante el día, pues anímicamente estaba deshecha. Mis hormonas, esas sigilosas sustancias vitales que juegan un rol vital en el cuerpo de hombres y mujeres, provocaron cambios negativos en mi psique; un suceso biológico que nos afecta, querámoslo o no.


Al día siguiente todo fue ir en declive. Estaba completamente sin inspiración para hacer el trabajo creativo por el que me pagan, y no sabía ni dónde poner la cabeza. Si de por sí el día previo a los cólicos ya había sido terrible, aún me esperaba un día completo de trabajo desvelada y con dolores. Aunque tengo un trabajo “privilegiado”, donde existen algunos gramos más de comprensión ante situaciones así de lo que la hay, por ejemplo, en un dantesco call center.


Pero mi situación no es la de la mayoría de las mujeres. Y sea el trabajo que sea, la menstruación –y los dolorosísimos cólicos que la acompañan– debería ser catalogada como una condición de salud que, si bien no nos pone en riesgo, debe ser atendida correctamente. Los privilegios de los que gozo –poder faltar cuando tengo cólicos– deberían extenderse y ser todavía más: se debería restringir por completo cualquier trabajo o esfuerzo durante esos días que para muchas son terribles, al grado del vómito o desmayo –literalmente–. Eso está lejos de ocurrir. Y ciertamente no ocurre en mi trabajo, pues aún así debo trabajar desde casa –el famoso “home office” de la época digital: una máxima precarización laboral disfrazada de “beneficios”.


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Pero así como estamos, inmersas en una inédita violencia y bajo terribles grados de explotación, esta es la reflexión que me surge. Quizá no en el momento más adecuado, pero me parece una atinada muestra de lo muchísimo que nos hace falta avanzar. Si ni siquiera contamos con el “privilegio”” de poder faltar a trabajar cuando sufrimos cólicos, significa que nosotras y nuestros problemas siguen siendo invisibilizados. Significa que la menstruación sigue siendo un tabú: algo vergonzoso que no merece ser reflexionado, ni mucho menos legislado, para que dejemos de soportar esta situación. Y el hecho de que nadie lo mencione significa que incluso las mujeres trabajadoras ya damos por hecho que tenemos que lidiar mes a mes con eso, y rogar porque suceda el fin de semana para no sufrir en el trabajo.


Trabajar con cólicos es una a muestra de que no estamos ni cerca de estar emancipadas:. Porque realmente, poder faltar a trabajar los primeros días de la menstruación sería el tipo de conquista que hoy tendríamos que conseguir, junto con muchas otras.


Por supuesto, las conquistas laborales no son actos de alquimia que conducen automáticamente a sociedades emancipadas: en países como China ya existen derechos laborales en torno a los cólicos, por lo menos en algunas provincias. Y no obstante, la explotación laboral en el país asiático es tan grande como acelerado a sido su crecimiento económico mundial. Pero sin duda son cambios forzosos que toda transición al socialismo deberían incluir, como parte del debate público y los cambios en la Constitución.

Es una reflexión que propongo como forma minimalista de abordar nuestros problemas. Así, los grandes problemas que nos aquejan se verán como el monstruo que realmente son, y aquello que se ha minimizado aparecerá en toda su magnitud.