• Disidentas

De cuando los hombres firman sus pactos

Actualizado: 25 de oct de 2018

por Candy Rodríguez


Llevo dos años trabajando temas de seguridad digital, ciberfeminismos, derechos digitales y, hasta cierto punto creo que cuido bien mis comunicaciones. Todavía tengo resistencia a dejar plataformas -que me generan un choque ético- como lo son: Facebook, Instagram y, en algunas ocasiones, Whatsapp porque es una plataforma “necesaria” debido a que es el medio por donde me comunico con mi familia -he intentado enseñarles otros tipos de mensajería más seguras pero no ha resultado-.


El 5 de octubre, me di cuenta de que se me fueron las cabras, tuve un error -sí, me la pasé pensando que fue MI ERROR y MI DESCUIDO, en otras palabras MI CULPA-. Todavía no se puede del todo, amigas, seguimos creyendo que cuando nos atacan es NUESTRA CULPA. La semana fue difícil, tenía muchos lugares en los cuales estar, fuera de casa todo el día… poco crédito para mandar mensajes y tenía que contestar una convocatoria que era URGENTE. En mi imaginario pensé que las cosas no podrían escalar y publiqué en GRUPOS FEMINISTAS un flyer con mi número para que se comunicaran conmigo y fuera rápido. FAIIIIIIIIIL. Esta acción me llevó a entrar en la estadística; ahora soy parte de las 9 millones de mujeres que en México han sufrido algún tipo de ciberacoso.


Tomada de "Mas por Mas", Violencia en línea contra ellas [En línea] URL: https://www.maspormas.com/especiales/checa-la-guia-contra-el-ciberacoso/

Ayer por la noche me llegó una ola de mensajes a través WhatsApp. Alrededor de 25 a 30 mensajes de números distintos, en inicio fueron amigables, después más obscenos y algunos muy denigrantes; otros preguntando si estaba en casa... tonterias al final.

Los primeros cuatro fueron bastante amigables, me pidieron disculpa por enviarme mensaje y solo dijeron cosas como: “Ok, lo siento, bye”.


Los siguientes fueron más obscenos, se referían a mí como “nueva”, me pidieron que les mandará fotos, me decían que si la quería pasar bien a través de la cámara web, me empezaron a marcar de manera directa y a través de la aplicación de WhatsApp.

La verdad es que no pude contener y me dió una crisis nerviosa. Me puse a llorar porque no sabía qué hacer, en parte sentía coraje porque se supone que yo sé mantener estas cosas, que ya aprendí a cómo asimilarlo y debía estar tranquila -reproche dos en menos de cinco minutos- sin embargo, no pude.

Logré hablar con una amiga que me ha enseñado todas estas cosas. Me tranquilizó, me dió recomendaciones de cómo colocarme dentro de mi casa, de revisar si tenía el número vinculado a alguna cuenta - cuestiones de seguridad- y sobre todo me ayudó a ¡CALMARME! Y sí, lo logré, respiré hondo y me acordé de otras amigas -muy sabías- que en algún momento dijeron en un taller de seguridad digital. ¿Cómo evadimos el acoso? ¿Cómo podemos escapar de situaciones que nos hacen sentir vulnerables? ¿Cómo ganamos tiempo? Dándole ASCO AL ASQUEROSO.


Lo primero que hice fue quitar mi foto de perfil, quitar mi nombre, en mi imaginario heteronormado pensé: ¿Qué es masculino? ¡Un Iron Man!, ¡claro! Puse la foto de Iron Man y comencé a hacerle la platica a alguno de los chicos que me escribieron en un inicio y fueron tranquilos. Le dije soy HOMBRE y no sé cómo tienes mi número. Él, de manera muy cordial me explicó que mi número lo habían rolado en un chat de cybersex en la página chats.com Todavía MÁS amable y reafirmando el pacto patriarcal entre hombres -del que habla Celia Amorós- me pasó una captura de pantalla del chat (aunque me dijo que estaba desde la lap y era un poco difícil).


Yo estaba pensando: ¿quiénes son estos cavernícolas que visitan estas salas este momento de internet, ¿en viernes por la noche?, ¿real?, pero bueno... Comencé a responderles a todos de unas formas muy agresivas, muy “MASCULINAS” -obvio dentro de esta masculinidad tóxica que nos agrede y nos violenta-, muy sexuales.


Al saberme HOMBRE cambiaron su actitud, algunos fueron amables, otros me reprocharon y me reclamaron el por qué les había mentido, por qué les dije que era mujer cuando era una transexual, una marica, o esas personas a las que les tienen tanto “miedo” y “repulsión”. Los pobres sintieron un nivel terrible de homofobia y decepción.


Otros tantos me dijeron cosas como: “Ay, wey, lo siento tu número lo están rolando.”, “Cabro, tu novio gay se está vengando”. Uno, particularmente morboso al decirle que era hombre y que me lo iba a coger me reclamó el por qué le había mentido, no obstante concluyó diciéndome: “perdón, pero quiero que sepas que tu número está en un chat de sexo en internet, cuídate”. Otro me dijo: “Yo no hablo con gays”. Con esto mostraron su misoginia a todo lo que representaba cierta “feminidad” y su apoyo a lo masculino.


Sinceramente en ese momento sentí mucha repugnancia, pero no por lo que me hicieron, sino por sus alianzas tóxicas que no saben ser empáticos con una mujer. Eres hombre, te ayudo, te explico y hasta podemos ser amigos -propuesta de uno de los tantos-. Ahhhhh… eres mujer: “mamita rica”, “puta por qué andas dando tu número”.


Me da mucha aversión su actitud misógina y patriarcal con las mujeres. Y no solo eso, también siento cierto grado de enojo y decepción saber el tipo de pactos que pueden hacer entre ellos -sin conocerse- y llevarse entre las patas a las mujeres que tengan alrededor. Bueno, y así como rolo el dato de una “chica nueva” en la ciudad que la quería pasar bien, me imagino que de igual forma corrió la voz de que no era mujer, era hombre. Los mensajes cesaron cuando comencé a responderle a todos diciendo que era hombre.


Bueno, me pasó eso, repulsivo y también muy violento. Yo regreso a las palabras de mis queridas amikas, y repito: DENLE ASCO A ESOS ASQUEROSOS.


No tengan miedo, vamos a cuidarnos entre todas, a revisar nuestros canales de comunicación, aprendamos a identificar señales y a escucharnos, tenemos que estar más alertas, tejan redes con las demás. Y reafirmo: ¡Nos tocan a una, respondemos todas!

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales - UNAM 

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